Hola!
Os cuelgo un texto de Pedro García Olivo, que es un antipedagogo que ha escrito, entre otras cosillas, "El irresponsable" o "El educador mercenario". Quizá me caigan, como se dice en mi pueblo "hostias como panes" por colgar una cosa así, pero este tipo tiene una historia bastante elegante a sus espaldas.
Nacido en el seno de una clase baja en la provincia de Murcia, se licencia y se doctora en Geografía e Historia, se fue a Nicaragua a apoyar al régimen Sandinista en la peor época de la contra trabajando en las cooperativas de desplazados de guerra, vivió en Budapest a finales de los ochenta currando de investigador. Antes de eso, consiguió sacarse una oposición para currar de profesor de bachillerato. Según él: "Fueron los días de las denuncias, de los expedientes, de los escándalos de prensa, etc. Días de una práctica deliberada de la insubordinación docente. Otro cuadro típico…".
Después de eso, se dedicó durante ocho años al pastoreo, y después decidió volver a ejercer en 2001 por encontrarse en una situación de "pobreza atenazante" hasta que el año pasado dejó, por fin, ese baño de infamia que, según él, es la educación dirigida.
Este cacho lo podeis encontrar en el nº1 de "En la fila de atrás"
¿Qué legitima a un hombre para pretender educar a los demás? ¿Qué le faculta para una tan alta misión? Es, ésa, una pregunta que atraviesa toda la historia cultural de Occidente, que atendieron pensadores tan distantes como Diógenes el Perro y San Agustín; y que ha intrigado, en la contemporaneidad, a G. Steiner entre muchos otros.
En lo que respecta al “profesor”, ese “azote de la esfera intelectual”, que diría Wilde, cabe responder de un modo expeditivo: este hombre, operador interino o funcionario, siempre magnificado, halla una autorización, una justificación, para su práctica infame precisamente en lo más abominable de nuestra tradición cultural.
Se ve arropado por la metafísica; se funda en aquel pensamiento “onto-teo-teleológico” que denunció sin descanso Derrida. Un grupo punkrock peninsular dijo lo mismo con un lenguaje más llano: “¡Gurú! ¿Quién cojones te ha mandao? Una patada en los huevos es lo que te pueden dar. Vete a salvar a tu viejo, sólo pretendes cobrar” (La Polla Records).
Sólo el elitismo, por una parte, la postulación de que la Humanidad se halla dividida entre la casta de los “iluminados” y la masa de los “ignorantes”, de que a un lado se encuentran los “domesticadores” y a otro los “domesticados” (expresiones de Sloterdijk en “Reglas para el Parque Humano”), el axioma de que existe de hecho una “aristocracia del saber”, una minoría esclarecida, una crema intelectual a la que atañe cierta “misión” perpetua, como ya sugería Platón en “El Político”, y, por otra, el prejuicio de que la edad adulta ostenta algún tipo de superioridad moral sobre los jóvenes, de que le incumbe delegar en unos especialistas privilegiados (los profesores) las tareas ingratas de cierta “corrección del carácter”, de cierta “reforma de la personalidad”, prestan credibilidad y avales de racionalización a la posición de subjetividad representada por el “educador mercenario”, por el profesor moderno.
Tanto desde la Teoría Francesa, con Foucault en primer término, como desde la Escuela de Frankfürt, se han aportado elementos para percibir la continuidad de fondo, epistemológica, filosófica, entre este “elitismo”, característico de la civilización occidental en el Proyecto Moderno de la burguesía capitalista, y los programas eugenésicos de Hitler o las fantasías estalinistas en torno a la forja del Hombre Nuevo.
Recientemente, esa afinidad fundamental, esa vinculación profunda, entre los fascismos históricos, el estalinismo y la democracia liberal, en lo que respecta a los aprioris conceptuales de sus modalidades educativas, ha sido subrayada, y reparamos ahora en un amigo, por el anti-pedagogo colombiano Julio César Carrión.
Hemos dicho “educador mercenario” para distinguir al profesor de los “educadores naturales”, tal los padres, de los “educadores electivos”, como este o aquel conocido que valoramos especialmente y escuchamos con la mayor atención, de los “educadores informales”, de los “auto-educadores” que todos somos, de los partícipes en las “educaciones comunitarias tradicionales”,...
Estando tan nutrida y siendo tan variopinta la saga de los educadores, sólo el “profesor” cobra: sólo el oficiante de la educación administrada occidental comparte, en lo económico, el rasgo definidor de todos los mercenarios.
¿Cómo lo veis?¿Os ha gustado? Supongo que a algunx si, a muchxs no...igual hasta os ha hecho enfadar, lo cual está bien, porque por lo menos seremos capaces de sentir algo, que es un logro en estos tiempos...Entonces, ¿qué? ¿Os sentiréis mercenarixs en un futuro? ¿Cómo actuaremos ante un niño o una niña que no quiera estar con vosotrxs en clase? Ya no me refiero a problemas de apego, que eso en principio solo nos atañe a lxs de infantil y es una salvedad, sino a problemas como por ejemplo, que un chaval no quiera estar en clase porque no os soporta.
Teniendo en cuenta -tal y como dice en el segundo apartado del texto que no cuelgo aquí porque sería demasiado-, que todo educador/a es un "baluarte de la reproducción del sistema" (titulado, eso si), ¿cómo enfocamos nuestra labor docente dentro de este sistema?
Quiero decir...las cosas están como están, la gente se da codazos por ser mileurista, los convenios van bajando de salario, hay que echar más horas en el tajo...pero el sueldo de lxs maestrxs se mantiene. ¿Y esto es porque lleven adelante luchas sindicales? ¿Lxs ves en la calle protestando? No, ni falta que les hace. Por un lado, no se puede mantener parada la instrucción de lxs jóvenes en este mundo de consumo que nos rodea, donde todo viene hecho (¿Alguna vez fabricasteis algo en la escuela que fuera realmente util y que usarais después más veces?¿Cuantas veces?¿Una...quizá dos?), y por otro lado, este trabajo tiene que verse bien retribuído porque da sus frutos: una sociedad adormecida.
Lo estamos viendo estos dias. Ayer en Barcelona hostiaron a la gente y ni siquiera se defendieron. Se me cae la lágrima con tanto hippie suelto. Que alguien me explique donde tiene la policia el corazon cuando se ponen a pegar porrazos y pelotazos aprovechando que la gente ya se ha olvidado de lo que es la respuesta a las agresiones y la defensa de la integridad física, si es que ya no quedan ni reflejos basicos, ni instintos, ni nada, solo un cerebro hecho mierda con tanta propaganda basura todos los dias en la escuela, en la tele, en la calle...
En fin, debería usar este blog más a menudo, se queda uno agusto después de usarlo para desahogar un poco.
PD: Esos policías salieron de "nuestras" escuelas...
No cabe duda de que la función docente se inscribe en un rango de interpretaciones que van desde la crítica radical de instrumento de control social, que Marx le atribuye a la religión - como opio de los pueblos -, y Bordieu y Passeron al aparato ideológico del estado - entre ellos el sistema educativo, y que se refuerzan con el aparato represivo. Pero, como planteó Pablo Freire, entender el mundo es empezar a cambiarlo.
ResponderEliminarEntonces, la "denuncia", de esa posible presencia o funcionalidad nos pone frente a la reflexión de autodefinirnos en el entorno de posibililidades que, en mi opinión, se extiende hasta el extremo altruista de facilitar a cada uno el desarrollo de su potencial.
Que la escuela apaga parte o mucho de la creatividad y originalidad innata, puede ser. También es cierto que esa naturalidad inefable - como la que se expresa en una entrada previa - procede del ambiente seguro y cuasi aislado del hogar. La interacción con el "mundo exterior" y con otros influye en el cambio, quizás por razones tan básicas como el institnto de supervivencia. Los raros son penalizados en la socialización obligatoria, porque los niños y niñas, adolescentes y hasta adultos, manejamos el discurso políticamente correcto de la tolerancia y la integración, pero tememos al diferente y naturalmente tendemos a la asimilación. Creo.